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En esta ocasión, ataco de nuevo al mundo cinematográfico hablando de una de mis películas favoritas de todos los tiempos: El Exorcista. La verdad es que no necesita mucha presentación, ya que cualquier persona la conoce hoy en día, y aunque puede que haya gente que no la ha visto, conocen de sobra la temática de la que trata.

Sin duda nos encontramos ante una de las cintas que marcó un antes y un después en el cine de terror. Incluso me quedaría corto si dijera que desde que se emplea color en el cine, es la película con más papeletas para ser calificada como clave dentro del género demoníaco. Es tal la repercusión que en su día tuvo, tanto en la crítica especializada como en el público, que llevó a la creación de precuelas, secuelas y actualizaciones (aunque con menor calidad y menor éxito) en las décadas posteriores. El gran trabajo de su director, William Friedkin, radicó en la perfecta selección de los actores que llevan los roles protagonistas, que aunque no contaban con demasiado reconocimiento, a partir de dicho filme, las grandes productoras se tiraban de los pelos para poder contar con ellos en sus creaciones. De todas formas, no fue el caso de todos ellos, ya que de algunos, apenas se cuentan con los dedos de una mano los créditos en filmes posteriores. No obstante, el trabajo de todos ellos se torna fabuloso, y en ese resultado contribuyó en gran medida la desmesurada exigencia de Friedkin durante el rodaje: secuencias grabadas a temperaturas bajo cero, cientos de repeticiones de algunas tomas, discusiones y más discusiones con los actores (en especial con la joven Linda Blair, que encarna el papel más importante de la película) y un trabajo de maquillaje y efectos especiales envidiable y digno de la mejor de las compañías de efectos especiales de la actualidad (algo muy poco frecuente en la época).

Teniendo en cuenta la época en la que fue realizada, los efectos especiales son una verdadera maravilla. William Friedkin creó atmósferas a temperaturas bajo cero para recrear con total veracidad el frío necesario para algunas escenas, como la del encuentro clave entre el Padre Dyer y Regan en la habitación de esta última. El maquillaje está también muy bien logrado dentro de la tesitura que requería el filme, y ha sentado precedente en posteriores cintas de exorcismos (tanto serias como paródicas), por lo que podemos decir que en este aspecto, también consta como punto de inflexión a la hora de crear maquillajes demoníacos a la par que asimilables a un rostro humano. La maravillosa banda sonora (cuyo tema principal fue compuesto por el de aquella jovencísimo Mike Oldfield) da mayor vivacidad a las escenas cumbres y completa de un dinamismo sin precedentes el ya majestuoso ambiente visual de la película, mientras que la magistral interpretación del difunto Jason Miller (en el papel del malogrado Padre Damien Karras), el Reverendo (sí, Reverendo de verdad) William O’Malley (como el Padre Dyer, otro de los muchos sacerdotes que hacen acto de aparición en la cinta) y el afamado actor (en aquellos años) de teleseries Max Von Sydow (como el Padre Lankester Merrin), redondean a una calificación altísima el nivel interpretativo del conjunto, con unos roles de los que más de uno ha llegado a sentir lástima, especialmente por el Padre Karras (¿y quién en su sano juicio no?).

Aunque guarda ciertas diferencias con la novela en la que se basa (obra de William Peter Blatty), éstas son ciertamente nimias, por lo que la adaptación cinematográfica es de lo más fiel que podemos ver en los años 70. Bien cierto es, también, que en posteriores secuelas, la cosa ya decayó en cierto modo y la trama original degeneró en meras asociaciones sin fundamento, pero hablando de esta cinta, todos los calificativos agradables son pocos para definirla. Tengamos asimismo en cuenta que en las décadas siguientes (hasta la década actual), casi todas las películas con base en un exorcismo guardan reminiscencias con la cinta de Friedkin, lo que reafirma de nuevo (por enénisma vez) que el impacto en la sociedad (tanto la de a pie como la cinematográfica), fue gigantesco y El Exorcista pasó a la historia como una obra de culto en el ámbito del terror demoníaco. Cintas más actuales como pueden ser, por ejemplo El exorcismo de Emily Rose o Exorcismo en Connecticut, desprenden aromas de El Exorcista por todas partes… desde el argumento hasta incluso algunas planificaciones de escenas, lo cual añadé si cabe más caché al filme.

Sinceramente, y desde mi más humilde punto de vista, un referente del género de terror, y sin duda, toda una obra maestra donde las haya. Podeis descargarla (si os apetece, claro, que no os obligo) en el enlace que aquí os adjunto.