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Parece que como quien no quiere la cosa, los recuerdos de tiempos pasados vuelven a venir a la mente de un servidor y se convierten en pequeñas alegrías una vez más. A primera hora de la noche de ayer, según llegué a mi casa tras un día muy largo y repleto de cosas, me vino a la mente una historia que había leído en un cómic que mi abuelo (que en paz descanse) me había regalado cuando yo era un crío de unos 10 u 11 años. El bueno de mi abuelo tenía la costumbre de salir a pasear y curiosear por los puestos de las ferias del libro y demás, y un día llegó a casa con una sonrisa de oreja a oreja diciéndome que tenía un regalo para mí. Cuando me dí cuenta de que me estaba regalando un cómic, salté de alegría, porque cuando tenía aquella edad, me encantaban, pero cuando me fijé con atención en la portada (que no me sonaba de nada que yo hubiera leído antes), algo me desconcertó seriamente… y es que la verdad es que aquella portada no era de un cómic normal y corriente, o por lo menos de los que yo solía leer. No sé si mi abuelo lo hizo conscientemente o no, pero a él le gustaba mucho la lectura de terror, y aquello fue el desencadenante de mi pasión por el terror en todas sus formas. Quizás lo hizo para transmitir ese pequeño legado.

Total, que tras un buen rato de búsqueda en el arcón donde guardo todos los cómics de aquella época, conseguí encontrar el susodicho, que venía siendo el Creepy #45 en su edición española (más tarde me enteré de que la edición original era estadounidense), naturalmente. Aquella revista dedicada en exclusiva al cómic, estaba repleta de relatos que me cautivaron y despertaron ese lado curioso y sádico a la vez que todos tenemos dentro, y todos ellos con un “algo” que enganchaba. No tengo muy claro todavía a día de hoy si era el guión, los dibujos, el componente de terror, el componente fantástico, que hubiera sido un regalo de mi abuelo o simplemente ese halo de “prohibido por mi madre” lo que lo convirtió en un objeto realmente preciado para mí y que trajo de cabeza a mi madre durante cierto tiempo. Lo que sí tengo claro es que si a día de hoy todavía me sigue viniendo a la mente esa imagen, es porque de algún modo vale la pena el compartirla con todo el mundo, o en su defecto, con los que visiteis este blog.

¿Es alguna de éstas la imagen a la que me refería cuando comencé este post? No, falsa alarma. Simplemente quería daros un pequeño adelanto de qué esperar de este cómic. La verdad es que como comentaba hace un momento, está repleto de historias que me encantan, aunque en el caso de algunas sean solamente fragmentos de las mismas. Cuenta con un número total de ocho historias, de las cuales citaré individualmente cada título a continuación:

Como no me gusta destripar demasiado este tipo de cosas, prefiero que la iniciativa de querer leer estas historias parta de vosotros mismos, y por ese motivo, si haceis click en la imagen que aparece antes de este párrafo podreis descargaros una versión escaneada de esta revista (que no es la mía propia, sino que lo encontré por internet). Sólo puedo decir que en dichas historias os encontrareis todo tipo de cosas que harán que os engancheis a las mismas: Desde cacerías de humanos o de vampiros, hasta extraños poderes místicos, pasando por cosas como una estatua de jade, adoradores de demonios, víctimas inocentes, premoniciones y un cierto componente erótico, que tan de moda estaba en aquella época… y es que en 1983 (fecha de edición de éste número), toda la cultura estaba vuelta patas arriba por el erotismo, y el cómic no fue una excepción, ya que Toutain Editor no quería descolgarse de todo aquello.

Como matiz final, he de decir que mis historias favoritas de las que aparecen en este número, son (sin duda alguna) Contagiado y Las crónicas del Demonio, aunque guardo cierto cariño también a La zorra “de jade”… Yo creo que realmente a todas les tengo cariño, de un modo u otro, aunque quizás haya algunas a las que en su día no les presté tanta atención. Pero tampoco quiero aburriros con mis divagaciones, así que si teneis un ratito para descargarlo y echarle un vistazo, hacedlo y quizás esta pequeña alegría mía también sea en parte vuestra… nunca se sabe.