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Con esta manida y recurrente frase, ya que mi musa debe estar haciendo los preparativos de las fiestas de San Juan, comienzo esta nueva andadura en la comunidad blogosférica, esperando ser aceptado de buen grado por aquellos que se pasen por aquí y deseando permanecer mucho tiempo entre vosotros. Gracias a las útiles aplicaciones y la sencillez de empleo de WordPress (con unas instrucciones poco menos que para dummies), me he decidido a darle una nueva oportunidad a un proyecto que tuve hace tiempo, y que debido a ciertos problemas de diversa índole que no merecen la pena ser citados, cayó en el olvido… y aquí esta de nuevo vivito y coleando: La ventana secreta.

Pero como es lógico, os preguntareis… ¿de qué tratará La ventana secreta? Y yo os contesto sin ningún tipo de problemas: La ventana secreta es un pequeño rinconcito en la red de redes en el que expresaré con una frecuencia aún por determinar mi opinión sobre esas pequeñas alegrías que todos y cada uno tenemos en nuestro día a día… una canción o un disco que nos llama la atención, un libro que hemos terminado de leer y nos ha encantado, una película que nos gustaría recomendar a todo el mundo, los recuerdos de un viaje reciente, y miles de cosas más, todo visto desde mi particular punto de vista, y pretendiendo adaptarme al de todos, para que no se convierta en un bodrio de considerables dimensiones, porque aunque sea un blog personal, quisiera que agradase a todos, y la única manera de conseguirlo es acercándome a todos y cada uno de vosotros. ¡Para que luego se diga que internet es frío!

Y como posiblemente hayais podido deducir, el nombre del blog está sacado del título de un magnífico relato del mismo nombre del escritor estadounidense Stephen King, aunque el significado que yo le otorgo no es tan vengativo ni catastrofista como pensaba el protagonista de la novela, sinó mucho más positivo y alentador, ya que para mí, esa ventana secreta es mi forma de compartir con el mundo cosas que de otro modo quizás no fueran aceptadas en el mismo grado, debido a que en la sociedad que nos ha tocado vivir, si eres una persona que no se mueve con el resto de la masa, todos tienden a mirarte como un bicho raro… y yo odio esa etiquetación.

Sin más, un cordial saludo.
Miguel Fernández.

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